Una aproximación a la pintura
abstracta de Ernesto Somoza
a
pintura de Ernesto Somoza hace una llamada a la libertad.
Libertad en el hacer y en el mirar. El pintor se deja llevar por
la imaginación y propone a los espectadores que hagan lo
mismo. A usar la imaginación se le llama también
jugar. Los niños, cuando dibujan o pintan no piensan, hacen.
Les asombra el brillo de un color, la gracia de una forma, la
expresión de una textura. No tienen miedo a combinar lo
que la razón dicta irreconciliable. Los sueños también
son así: libres expresiones que nos fascinan, nos aterran
o nos revelan secretos. Pero los sueños son tan etéreos
que se perderían en las profundidades o en la niebla si
no existieran los artistas. El artista llega a su taller y allí
le esperan los materiales que darán forma a su juego, a
su sueño. La inspiración entonces se va convirtiendo
en algo que se puede tocar, oler, ver, oír: un cuadro,
una escultura. La visión inmaterial se hace materia. El
sueño de una persona se ofrece a ser sueño de todos.
Cada pintor recoge una parte del mundo y la elabora. Unos, cerca
de la realidad visible, otros, cerca de la realidad invisible.

El pintor barraqueño Ernesto Somoza
nos ha ofrecido en su exposición
titulada "Nada es lo que parece" una música
de colores fuertes y fuertes texturas, obras con largas horas
de oficio, no para que se entiendan sino para que se disfruten.
La exposición se realizó en la Sala de Arte "Áureo
Herrero", acogedor espacio de piedra y luz, del 1 al
15 de agosto de 2006.
Felicitas Jiménez



