Esta es mi vida

Por Áureo Herrero

Para El Barraco, al que tanto quiero

Datos relacionados con mi vida:

Mis abuelos de Riaza (Segovia) pertenecieron a un clan de vendedores de paños que, con su mercancía, iban con sus caballerías por los pueblos de las provincias de Segovia y Ávila vendiéndola. De esta forma llegaron a El Barraco y allí se establecieron. Sus hijos y los hermanos al llegar a la edad matrimonial se casaron. Mi padre estaba ciego por un error del médico desde niño. Muy aficionado a la música, tocaba el piano, la guitarra y la bandurria. Yo a la edad de seis años tocaba los mismos instrumentos. Por esa época (1910) había en El Barraco una banda de música compuesta por gente del campo que era la admiración de la provincia. Esto influyó bastante en mi afición a la música. La muerte de mis abuelos y la imposibilidad de mi padre de seguir con los negocios debido a su ceguera, motivó nuestra marcha del pueblo con la intención de establecernos en el pueblo de mis padres, Riaza. Al llegar a Ávila le ofrecieron una taberna en la calle Tomás Luis de Victoria, que fue un fracaso. Como consecuencia de esto la familia se disolvió. Mi madre y mis dos hermanas retornaron a El Barraco y mi abuela, mi padre y mi hermano fueron a Madrid. En la taberna con la guitarra acompañaba a mi padre a la bandurria.

Orquesta KDT. Áureo Herrero al helicón

MADRID

El panorama era desolador. Mi abuela anciana, mi padre ciego, mi hermano con nueve años, yo con once y la ciudad desconocida; yo a tocar y cantar acompañando a mi padre a la bandurria y mi hermano con el platillo. Esta clase de vida nos iba a durar más o menos desde 1915 hasta 1922. Estos años nos fuimos ganando al público haciéndonos populares. El trabajo era dividir por barrios Madrid, ir por la mañana a uno y por la tarde a otro y, para mí, son hechos transcendentales en mi vida. Estando tocando en la calle Caballero de Gracia por la tarde, se acercó una señorita a hablar con mi padre, interesándose por mi para darme clase de solfeo. Era hija de un general, persona muy humana e inteligente y gran pianista, a la que llegué a tomar mucho cariño. Estudié con ella el método de solfeo de D. Hilarión Eslava, las cuatro partes (todo el libro). Más tarde, en la calle del Carmen, un señor me cogió la guitarra y me preludió algunas obras de guitarra. Se me brindó a prepararme para examinarme de solfeo en el Real Conservatorio, y que a su debido tiempo hice (era profesor de la Banda Municipal de Música de Madrid). Me examiné por libre de los tres cursos. Más tarde fui profesor de sus hijos.

Orquesta Rosalinda. Áureo Herrero al contrabajo

Yo seguía tocando por las calles por el día y por las noches con un trío en cafés. Las calles céntricas eran por las que íbamos: Espoz y Mina, Príncipe, Carmen, Cruz, Los Madrazo; en esta calle estaba la agencia de conciertos Daniel, del Teatro de la Comedia, y siempre que había un concierto me regalaban una entrada. Así escuché a Rubinstein, Saber, Manen, Segovia y otros. Segovia en esa época estaba hospedado en la calle de la Cruz. Cuando descubrí quien era Segovia (como mi hermano iba con el platillo, tenía sus amistades entre el público), mi hermano me dice: «¡Anda, si es amigo mío!«.

Anécdota: Un día que estábamos tocando en la calle de la Cruz la canción de moda: «Acuérdate de mí», pasaba Segovia y le oí decir «qué canción tan bonita». Siempre que podía iba a la calle de la Aduana a la guitarrería de Santos Hernández a oír tocar la guitarra, pues allí se reunían los mejores guitarristas e instrumentistas de arco. Una de las veces había un contrabajo del Teatro Real; Santos le habló de que me diera clase. Éste aceptó y como yo no tenía dinero para comprar un contrabajo, me daría clase a diario. En un año me preparó para trabajar.

Áureo Herrero al contrabajo en la Orquesta España. 1939. A su lado Jose Mª Gallen Clausell

Empecé a trabajar en la Orquesta del Teatro Price. Mi vida con esta colocación cambió totalmente. Ya ganaba un sueldo, ya podía dirigir mi vida profesional. Después del Price, el teatro Martín, etc. Y prepararme para ingresar en el Conservatorio. Hice por libre los tres cursos que me exigían para matricularme en primero de contrabajo y seguí hasta hacer toda la carrera (seis cursos) y, a la vez, los cuatro cursos de armonía y contrapunto. Yo seguía frecuentando la guitarrería de Santos Hernández; allí hice amistades que me ayudarían mucho, D. Carlos Verger, profesor de pintura de la Escuela de San Fernando, muy aficionado a la guitarra clásica y amigo de Andrés Segovia. Este señor le habló a Segovia para que me diera clase. Don Andrés ya me conocía de tocar por las calles y con él estudié el Método Aguado y Fernando Sor. Como Segovia ya era famoso en todo el mundo, sus clases serían cuando viniese a Madrid. Ha llegado a darme clase en el hotel vestido de frac para el concierto del Teatro de la Comedia.

Casa del Maestro Áureo Herrero en el madrileño barrio de Lavapiés, calle Ministriles, 15

Anécdota: «Déjame el libro de Sor para ver el estudio en Si b que no me acuerdo y está en el programa«, me dijo Segovia antes de un concierto. De esta forma estudié los dos libros. Segovia tenía 29 años y yo 18. En aquella época era muy importante tocar varios instrumentos, pues se trabajaba en grupos formados y se valoraba a la persona por lo útil que fuera al grupo, porque había que hacer toda clase de música y yo llegué a tocar varios instrumentos (en total seis), por lo cual era un elemento valioso y para el grupo, muy interesante. Con el contrabajo he pertenecido a la Orquesta Nacional Filarmónica y Sinfónica de Arbós de Madrid, dando conciertos por toda España y por el extranjero. Con la guitarra, Regino Sainz de la Maza me nombró sustituto personal para casos de emergencia en el Real Conservatorio. Fui profesor de guitarra en la Escuela Norteamericana varios años. En la Discográfica Columbia fui guitarrista de la orquesta grande y director de Instrumentos Españoles 15 años. Con la guitarra me he dedicado y me dedico en la actualidad a la enseñanza a todos los niveles. Tengo alumnos esparcidos por todo el mundo, que en la actualidad son profesores en Conservatorios y Escuelas de Música. En España, tengo alumnos que son profesores en el Real Conservatorio y en Institutos de Madrid, como Marcos Jiménez de El Barraco, de Profesor de Historia de la Música.

Áureo Herrero con el guitarrista Hubert Kappel y Carlos Díaz en el Auditorio Nacional de Madrid
Homenaje a Áureo Herrero. Ateneo de Madrid, 1992.

El primero de septiembre de 1983 se estrenó en la plaza de toros el himno de El Barraco, del que soy autor, que fue bien acogido por el público. Tengo que citar a los cantantes y guitarristas, héroes de la jornada: Miguel Ángel Pato, José Berlanas, Moisés Estévez, Jesús Fernández, Ramiro Pato y Juan Carlos Díaz, de El Barraco. En el Ateneo de Madrid, sección de música, me dan un homenaje, con la colaboración de la Sociedad Española de la Guitarra y otras instituciones artísticas, organizado por mis alumnos, muchos de ellos son profesores del Real Conservatorio, que dan un concierto.

Datos biográficos de trabajo antes de la guerra:

Orquesta «Circo Price»; una temporada.

Teatro Martín, tres temporadas.

«Cabaret Pelikan»; seis años.

Aquí me coge la guerra. Después de la guerra, a los quince días de terminar se forma un grupo: Orquesta España. Soy uno de los componentes y no dejo ya de trabajar.

«Cabaret Congo»; cinco temporadas.

Orquesta «KDT»; ocho temporadas en los Hoteles Ritz y Palace.

Orquesta «Manolo Bel»; catorce años (aquí me coge la jubilación).

A la vez, conciertos con la Orquesta Filarmónica Sinfónica y Nacional, grabación de discos y fondos musicales de películas y clases de guitarra.

El Ministerio de Sanidad me nombra jurado con facultades para seleccionar y traer a Madrid grupos de coros, orquestas y grupos de folclore, entre los que se presentan de residencias y hogares de la tercera edad de toda España, para concursar en Madrid a primer y segundo premio ante tribunal competente y en teatro con asistencia de público, que era un verdadero espectáculo. Mi trabajo consistía en desplazarme a una capital de provincia y allí se concentraban los grupos de las capitales y sitios más cercanos que querían concursar. Este mismo proceso se repitió en otros lugares tantas veces como fue necesario. En total los grupos que venían de toda España eran unos 80 en un mes. He traído a Madrid grupos colosales de coros, orquestas de pulso y púa y de folclore notables. Coros polifónicos masculinos de Santander de voces estupendas y sabiendo cantar. En esta clase de coros, muchos de los componentes pertenecieron a orfeones de Santander y Zumaya. Dos primeros premios de Zumaya, coros de voces mixtas, voces estupendas (con melodías vascas, con armonías densas y cantatas de Bach a cuatro y cinco voces) del cual el director saca un gran partido; lo mismo podría decirse del Coro Rodas Bach (Barcelona, Tarrasa) También traje las orquestas españolas de pulso y púa de Zaragoza, Córdoba, Murcia y Madrid, y al grupo folclórico de Tenerife, grupo numeroso con voces femeninas desgarradas de gran belleza, rondalla, todo bien dirigido. El público los acogió con enorme éxito, lanzándoles claveles y grandes ovaciones. En los ocho años que estuve como jurado, vinieron 16 grupos entre primeros y segundos premios.

Con la muerte de mi esposa de un infarto en marzo de este año, mi salud se ha resquebrajado profundamente, pero yo sigo dando mis clases. Esta es mi vida. Fue pobre, muy pobre por fuera, rica, muy rica por dentro. A El Barraco todos podemos darle algo para engrandecerle: Artistas, Pensadores, Creadores, Artesanos. Todos podemos darle algo.

Áureo Herrero, 1993.

Con Aileen y Alan Goodson, El Barraco 1979

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